Homofobia
Homofobia
  • 1 enero, 2016

Cuando Blog Púrpura me pidió que escribiera un artículo sobre homofobia me sentí halagada, ya que no es la primera vez que se me contacta para expresar mi opinión acerca de este tema u otros referentes a derechos humanos y diversidad sexual. Comencé a escribir y me di cuenta que por más campañas realizadas, pláticas dadas, escritos hechos, participaciones en foros y debates de noches de borrachera sobretodo con personas heterosexuales, me es complicado escribir de este tema de una manera objetiva sin sonar demasiado teórica, ya que siempre que lo hago, uso mi experiencia personal y lo que he visto a lo largo de estos años para expresar lo que pienso acerca del tema.

En sentido estricto y por definición, “homofobia” es el término que se ha destinado para describir el rechazo, miedo, repudio, prejuicio o discriminación hacia mujeres u hombres que se reconocen a sí mismos como homosexuales, sin dejar de lado a las otras personas contempladas dentro de la diversidad sexual como son bisexuales, transexuales y transgéneros, entre otros. Desde mi punto de vista, es importante resaltar que la homofobia, no suele ser una reacción instintiva sino que refleja los valores y creencias de las distintas sociedades; es por ello, que yo no la considero una fobia, ya que estas son generalmente motivadas por el miedo, mientras que la homofobia es motivada por el odio.

Comúnmente se piensa que las personas homofóbicas intentarían alejarse de personas homosexuales para expresar el rechazo que sienten hacia esa forma de vida; sin embargo, esto no siempre es así. En la mayoría de los casos, los homofóbicos buscan estar cerca de personas homosexuales con el fin de demostrar que su postura y pensamiento es el correcto y tratar de convencer a quienes no tienen una postura clara para que se unan en su lucha por un mundo sin homosexuales.

Hace poco más de un año lo viví en carne propia, estaba en una fiesta con mi ahora esposa y llegó un chico a intentar ligársela, aún sabiendo que ella era gay. Todo iba perfecto hasta que ella me presentó como su novia y el reaccionó con frases y gestos típicos de un macho neandertal: “¿tan guapas y lesbianas?, pero ¿han estado sexualmente con un hombre, o cómo están tan seguras que no les gusta?, ¿ no les da como asquito estar con alguien de su mismo sexo?, si probaran conmigo verían que rico es, y la pregunta más morbosa de todo hombre ¿y cómo lo hacen eh?”. Debo confesarles que si esta plática hubiera sucedido hace algunos años, probablemente hubiera reaccionado mal, contestando cosas como y tú, ¿tan grandote y tan pendejo?, ¿tú te has acostado con un hombre para saber que no te gusta?, etc.; en fin, me hubiera puesto a su nivel tirando pedradas que lo denigraran como hombre al igual que él intentaba humillarnos y destruirnos, lo cual únicamente nos hubiera llevado a una batalla sin sentido en donde todos hubiéramos salido perdiendo.

Hoy en día soy más madura, por lo que respiré y decidí no ofenderme con los comentarios y las preguntas, que por cierto, ya me han hecho mil veces. Me tomé un momento y comencé a responder tranquilamente, intentando explicarle que mi vida era normal, como la de cualquier otra persona. Que me gustan las mujeres y por ellas siento una atracción no sólo sexual sino mental, además de un vínculo emocional que nunca he sentido por ningún hombre. Le expliqué que yo también tengo toda la capacidad y el derecho de amar, y que soy una persona libre de decidir a quien darle ese amor. Nuestro debate inicial de pronto se tornó en un diálogo bastante ameno en donde el básicamente preguntaba cosas con un tono diferente al del principio, y yo respondía simplemente lo que creía y le explicaba mi manera de ver la vida, la cual no era tan diferente a la suya. No puedo decirles que él hoy sea mi amigo, pero lo que si puedo contarles es que al final de la fiesta me agradeció, me dio un abrazo y meses después me visitó con unos amigo en mi trabajo, un antro gay. Según vi, lo pasó genial, no tuvo miedo ni sintió rechazo hacia nadie. Ese día sonreí, pues reafirmé algo en lo que creo fielmente y es que el odio se combate con amor y con paciencia.

Soy consciente de que las cosas no cambian de un día para otro y en el caso de la homofobia no será la excepción ya que como diría Einstein “ es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, pero también sé, que es trabajo de todos educar a la gente. Yo me siento en una postura privilegiada para exponerle al mundo que la diversidad, hace que la vida sea más divertida y no tan monótona, que los diferentes pensamientos se valen, que vivir en un mundo con mayor apertura hará que todos los que lo habitamos tengamos la libre elección de decidir la menara en la que seremos felices sin sentir miedo y, por último, que el odio en cualquiera de sus vertientes nunca nos llevará a ser mejores individuos. Creo que en el momento que esto suceda daremos el brinco y pasaremos de la tolerancia a la convivencia, y sólo en ese instante, es cuando realmente podremos llamarnos seres humanos.

 

Vania Saenz